BUTOH, SENSIBILIDAD, SENSUALIDAD Y EL SISTEMA NERVIOSO por Vangeline

 

INTRO

En este ensayo escrito por la bailarina y maestra de Butoh Vangeline, la fundadora del Vangeline Theater New York Butoh Institute, explora el Butoh haciendo una aproximación desde el sistema nervioso, la sensibilidad, la sensualidad y la experiencia de habitar el cuerpo. Tomando como referencia la neurociencia, la historia personal, la perspectiva feminista y el linaje del Butoh japonés, examina cómo el Butoh reconecta a quienes lo practican, con las capas más profundas del cuerpo relacionadas a la memoria, las sensaciones y la transformación.

El ensayo también abarca el papel de las mujeres en el desarrollo del Butoh, la relación entre la relajación, la receptividad y el erotismo y cómo el Butoh puede convertirse en una práctica de sanación, presencia y conexión humana de manera radical.

 

BUTOH, SENSIBILIDAD, SENSUALIDAD Y EL SISTEMA NERVIOSO

 

por Vangeline

 

El Butoh suele describirse como la danza de la oscuridad. Sin embargo, esta descripción, aunque es evocadora, rara vez explica lo que ocurre a nivel fisiológico y de percepción dentro del cuerpo de una bailarina o un bailarín de Butoh. Esta imagen no explica plenamente por qué y cómo el Butoh se diferencia de manera fundamental de muchas otras formas de danza.

Para contribuir a un nuevo entendimiento del Butoh, propongo acercarnos a esta forma de danza desde una perspectiva centrada en el sistema nervioso y la sensibilidad corporal.

El primer paso hacia el Butoh consiste en la práctica de redirigir nuestra atención hacia la vida del cuerpo. En la vida contemporánea, nuestra atención es llevada constantemente hacia el exterior: pantallas, productividad, vida social, estimulación constante y anticipación del futuro. La vida moderna condiciona nuestras mentes tanto hacia la aceleración como hacia la fragmentación. Como resultado, nos encontramos cada vez más desconectados de nuestras sensaciones internas, de las señales sutiles de nuestros cuerpos y del flujo continuo de información que emerge desde nuestro interior.

Es muy posible que nuestras capacidades de adaptación no hayan evolucionado al mismo ritmo que los avances tecnológicos actuales, y que estas nuevas formas de “multitasking” a las que estamos sometidos nos generen sobrecarga y estrés en nuestro sistema nervioso.

Frente a estos desafíos relativamente nuevos para la experiencia humana, el Butoh propone otra alternativa. En lugar de dirigirnos hacia afuera, nos invita a dirigirnos, radicalmente, hacia nuestra experiencia interior a través del cuerpo. Dicho de manera sencilla, el Butoh nos invita a habitar el momento presente a través de las sensaciones. 

Este retorno al cuerpo no es meramente estético: implica reorganizar nuestra percepción.

En la experiencia de vida adulta, la mayoría de las veces, la información se procesa primero de manera cognitiva. Los pensamientos dominan la sensación; la lógica organiza la emoción; y la vida del cuerpo pasa a un segundo plano. La neurociencia suele referirse a esto como procesamiento descendente (top-down processing): la mente cognitiva regula y filtra la experiencia antes de que ésta llegue al campo de la consciencia. Vivimos en gran medida dentro de la corteza prefrontal, la región asociada con la planificación, la inhibición, el juicio, la autoobservación y la regulación social.

El Butoh invierte esta jerarquía.

En lugar de comenzar con el pensamiento, el Butoh comienza con la sensación. La atención se redirige hacia la consciencia sensorimotora: el peso, la temperatura, el tono muscular, la textura, la respiración, los impulsos internos, la vibración, la gravedad, la tensión, el temblor, la suavidad, el dolor, el placer y la memoria. Desde esta perspectiva, el movimiento no surge principalmente de una coreografía impuesta sobre el cuerpo, sino de la escucha y de una atención cuidadosa a procesos que ya están ocurriendo dentro del organismo.

En este sentido, el Butoh funciona a través de lo que podría describirse como una forma de procesamiento ascendente (bottom-up processing). La sensación precede a la interpretación y el cuerpo se vuelve un campo de descubrimiento.

Esta inversión es esencial. Las bailarinas y los bailarines de Butoh sienten una profunda curiosidad por estas capas de la experiencia que con frecuencia permanecen inaccesibles: impulsos inconscientes, memoria corporal, residuos emocionales, reacciones instintivas y estados preverbales. Aprenden a percibir no sólo el movimiento voluntario, sino también el movimiento involuntario: las reacciones sutiles, los reflejos y los cambios energéticos que fluctúan constantemente por debajo de nuestra consciencia.

Las formas de danza tradicionales suelen privilegiar la intencionalidad: la bailarina o el bailarín decide moverse y luego ejecuta un movimiento. El Butoh, por el contrario, se interesa por aquello que aparece antes de la decisión consciente. Un temblor, un colapso, una duda, un cambio en la respiración, una contracción refleja: éstos no se consideran interrupciones de la danza. Se convierten en material para la propia danza.

Esta diferencia transforma radicalmente la relación entre intérprete y cuerpo. El cuerpo deja de ser tratado como un objeto disciplinado que debe ser dominado o perfeccionado. En cambio, se convierte en un campo de percepción y en una fuente inagotable de material.

Por esta razón, la sensibilidad ocupa un lugar central en el entrenamiento del Butoh. La sensibilidad no se entiende como fragilidad emocional, sino como capacidad de percepción amplificada: una capacidad que debe ser entrenada.

Esta capacidad consiste en recibir información tanto desde el interior como desde el exterior del cuerpo de manera simultánea. La piel, por ejemplo, se convierte en algo más que un simple límite físico entre el individuo y el mundo. Se transforma en un órgano de comunicación, intercambiando constantemente información a través de la presión, la temperatura, la vibración, el contacto, la atmósfera y la relación con el espacio.

Una de mis maestras, Mari Osanai, describía con frecuencia la piel como un “segundo cerebro”. Esta idea resulta especialmente significativa en el Butoh. Cuando la atención entra a través de la piel, los músculos, la respiración y el sistema nervioso, muchos practicantes experimentan una expansión de la percepción que puede sentirse como algo extático, abrumador, desestabilizante o profundamente vital. 

Esta sensibilidad acrecentada está estrechamente vinculada al sistema nervioso autónomo.

El sistema nervioso autónomo regula dos grandes estados fisiológicos: la activación y la relajación. El sistema nervioso simpático está asociado con la activación, el estrés, la vigilancia, la intensidad, las respuestas de lucha o huida y el modo de supervivencia. El sistema nervioso parasimpático, por el contrario, está asociado con el descanso, la recuperación, la seguridad, la digestión, la restauración y la relajación.

En la vida contemporánea, los seres humanos tendemos a quedar atrapados en estados crónicos de activación simpática. La estimulación constante, la velocidad, la ansiedad, la sobrecarga digital, la presión social, la inestabilidad económica y las exigencias continuas de productividad generan cuerpos que tienen dificultades para regresar al estado de relajación. 

Paradójicamente, aunque el Butoh suele percibirse como una forma artística disruptiva, muchas de sus técnicas fundamentales cultivan primero la regulación parasimpática antes de trabajar con la inestabilidad.

Aunque en escena es profundamente memorable y visualmente impactante, la inestabilidad constituye solamente la punta del iceberg. Para poder trabajar con la inestabilidad como una práctica artística, primero debemos aprender a conectar auténticamente con las condiciones que pueden generar dicha inestabilidad y bien regularla.

Más importante aún, debemos cultivar su opuesto: la estabilidad y la neutralidad. Esta capacidad de regulación viene directamente de conocer nuestro propio sistema nervioso.

Siguiendo la metáfora del iceberg, la parte sumergida sería el sistema nervioso parasimpático. Prácticas como el Noguchi Taiso —que influyó profundamente en el desarrollo del Butoh en el Japón de la posguerra— enfatizan el soltar, sentir el propio peso, la fluidez, la suavidad, la suspensión y, disminuir la resistencia muscular. En lugar de imponer una forma a través de la fuerza, la bailarina o el bailarín aprende a rendirse a las tensiones innecesarias y a permitir que el movimiento emerja a través de la gravedad, el “momentum” y la capacidad de respuesta interna de su propio cuerpo.

La relajación en el Butoh no es pasividad. Es receptividad.

 Esta distinción es fundamental.

En estados de profunda relajación, el intérprete suele volverse más sensible, no menos. La disminución de la tensión muscular permite que impulsos más sutiles, sensaciones y estados emocionales se vuelvan perceptibles. La bailarina o el bailarín adquiere una mayor capacidad para recibir información proveniente del cuerpo sin reprimirla, categorizarla o intentar controlarla de inmediato. Más importante aún, los practicantes de Butoh pueden transformar esa información en danza.

Muchas de las cualidades estéticas centrales asociadas al Butoh —la lentitud, la fluidez, los estados de suspensión; o, por el contrario, la metamorfosis, la inestabilidad y la disolución de la identidad— emergen directamente de esta capacidad de relacionarse con la tensión y poder regular el propio sistema nervioso.

En niveles avanzados de práctica, el Butoh no se mantiene en estados constantes de relajación. La bailarina o el bailarín aprende a desplazarse con fluidez entre la activación y la entrega, entre la intensidad y la neutralidad, entre la carga simpática y el arraigo parasimpático. Irrupciones repentinas de fuerza, temblor, violencia, carga erótica, animalidad o intensidad emocional pueden surgir rápidamente, pero quien practica Butoh también debe desarrollar la capacidad de regresar a la quietud y a la regulación sin quedar atrapado en el estado de activación.

En este sentido, el Butoh no es simplemente una forma de expresión. Entrena la capacidad de autorregulación y modulación.

El surgimiento de la receptividad como una técnica fundamental dentro del Butoh también ayuda a iluminar el papel histórico que las mujeres desempeñaron en el desarrollo de esta forma artística.

Aunque la historia del Butoh se ha centrado tradicionalmente en las figuras fundadoras masculinas como Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, muchas de las aportaciones técnicas y estéticas más importantes de esta forma artística emergieron a través de los cuerpos y del trabajo de las mujeres.

Entre finales de la década de 1960 y mediados de la década de 1970, Hijikata trabajó intensamente con bailarinas como Yoko Ashikawa y Natsu Nakajima. Ashikawa, en particular, desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la notación del Butoh y en la exploración coreográfica.

Hijikata solía ser el director y arquitecto conceptual de las puestas en escena, sin embargo, el material referente al movimiento corporal, surgía a partir de la capacidad de improvisación y de la profundidad con que se entregaban las mujeres que trabajaban con él. Gracias a estas bailarinas, la receptividad evolucionó hasta convertirse en una práctica altamente refinada y profundamente técnica.

Y sostengo que las mujeres —y una mujer en particular, Yoko Ashikawa— no sólo introdujeron la receptividad en esta forma artística, sino que, gracias a Ashikawa, la receptividad se convirtió en el arma secreta del Butoh. A través de Ashikawa, la capacidad de recibir llegó a convertirse en una de las más altas formas de virtuosismo dentro del Butoh.

Los cuerpos de las mujeres no se limitaron a interpretar el Butoh; lo estaban generando. La historia de estas colaboraciones complejiza las narrativas convencionales sobre la autoría en la historia del Butoh.

Además, muchas de estas bailarinas sostenían económicamente a la comunidad del Butoh a través de presentaciones en cabarets, danza erótica, striptease y trabajo nocturno. Estas experiencias rara vez ocupan un lugar central en la historia oficial del Butoh y, sin embargo, pudieron haber influido profundamente en la trayectoria de esta forma artística.

La relación entre el trabajo erótico y el Butoh suele ser malinterpretada. Reconocerla no implica reducir el Butoh a una forma artística “sexual”. Más bien, nos revela que la sensualidad, la receptividad, la seducción, la modulación energética y la capacidad de respuesta corporal fueron cultivadas mediante prácticas físicas concretas que influyeron profundamente en la evolución de la estética del Butoh.

La sensualidad en el Butoh va mucho más allá de la sexualidad. Está ligada a la propia receptividad: a la capacidad de sentir profundamente, de recibir plenamente la sensación y de permanecer permeable a la experiencia. A través de estados más profundos de relajación y receptividad, el cuerpo se vuelve cada vez más capaz de acceder a estados de vulnerabilidad, placer, duelo, instinto, memoria, éxtasis y transformación.

En la cultura occidental, la sensualidad suele reducirse al consumo visual y al performance sexual. El Butoh propone otra posibilidad. La sensualidad se convierte en un estado expandido del cuerpo: una intimidad más profunda con la sensación, con la vitalidad y con la interconexión.

Fue precisamente a través de mi propia experiencia como performer que muchas de estas correspondencias se volvieron totalmente legibles para mí.

Antes de dedicarme por completo al Butoh, trabajé extensamente en el burlesque, el cabaret y el striptease en la ciudad de Nueva York, mientras continuaba mi formación en danza. En aquel momento, aún no comprendía hasta qué punto estas experiencias influirían en mi desarrollo artístico. Trabajar en el ámbito del performance erótico requería no sólo resistencia física y presencia escénica, sino también conocimientos técnicos precisos: cómo modular la energía, dirigir la atención, manejar el ritmo, cultivar la presencia, trabajar con la seducción, la tensión, la liberación y la percepción del público, una y otra vez, bajo presión.

No se trataba de conceptos abstractos. Eran técnicas corporales.

Sin embargo, las formas de conocimiento asociadas con la feminidad, la sensualidad, el trabajo erótico y los cuerpos sexualizados suelen ser descartadas o estigmatizadas por las estructuras culturales dominantes. Las contribuciones de las mujeres son marginadas precisamente porque emergen de ámbitos que la sociedad vincula con la vergüenza, el deseo, el placer o el erotismo.

Por esta razón, recuperar estas historias se vuelve importante desde una perspectiva artística y también política. Hacerlo no sólo devuelve visibilidad a las mujeres dentro de la historia del Butoh; también puede transformar nuestro entendimiento sobre cómo evolucionó y se desarrolló esta forma artística.

Las discusiones sobre las mujeres en el Butoh han tendido a seguir una narrativa dominante: que la forma artística fue creada principalmente por dos fundadores masculinos (Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno). Más recientemente, se ha vuelto evidente que muchas de las contribuciones de las mujeres quedaron oscurecidas dentro de la historia del Butoh. Ambas afirmaciones son ciertas, dependiendo de lo que entendamos por “autoría”.

Sin embargo, esto no es cuestión únicamente de que las contribuciones de las mujeres hayan sido pasadas por alto en la historia del Butoh. Aunque es fundamental recuperar y reconocer estas contribuciones, también hay espacio para una lectura más matizada.

Es muy posible que las dinámicas de género a través de las cuales se desarrolló el Butoh hayan contribuido a cultivar formas de receptividad, entrega y capacidad de respuesta perceptiva que terminaron convirtiéndose en principios técnicos y estéticos fundamentales de la propia forma artística.

De hecho, el Butoh puede entenderse como una forma artística moldeada por el encuentro entre cuerpos situados en posiciones de género distintas que operaban dentro de estructuras relacionales asimétricas. Es posible que este encuentro, quizás incluso más que el encuentro entre Oriente y Occidente, haya dado origen a un lenguaje técnico y estético completamente nuevo.

Gracias a estas innovadoras técnicas, el Butoh ofrece un espacio donde la fragmentación puede comenzar a disolverse. Instinto, sensaciones, cognición, imaginación, memoria y emociones dejan de funcionar como compartimentos aislados. Se dejan de experimentar como estados reactivos y desorganizados. Gracias a la capacidad de aumentar la sensibilidad y de una mayor consciencia del sistema nervioso, la intérprete o el intérprete entra en una relación más integrada y regulada con su cuerpo y con su sistema nervioso. Ya no se trata de una serie de “estados”, sino de un proceso profundamente creativo: la organización del caos en una danza.

En el Butoh, el cuerpo se convierte en un umbral hacia formas más integradas de consciencia. Quizás por ello el Butoh puede dar lugar a experiencias que con frecuencia se describen como extáticas. A través de la sensación, la receptividad y la presencia, quien practica Butoh puede experimentar una profunda continuidad entre el mundo interior y el mundo exterior: una disolución temporal de la separación. A través del Butoh, nos experimentamos a nosotros mismos como un ecosistema vivo, siendo parte de un ecosistema mucho más grande.

En este sentido, el Butoh no es simplemente una forma de danza. Es una herramienta para el descentramiento del yo y la conexión

Al trascender las limitaciones del intelecto, el cuerpo se convierte en un puente que nos conduce hacia la integración y hacia formas más amplias de consciencia.

© Vangeline, 2026.

 1 de junio de 2026

Vangeline. (2026). Butoh, Sensibilidad, Sensualidad y el Sistema Nervioso. New York Butoh Institute. 1 de junio de 2026.


VER LA CONFERENCIA QUE ACOMPAÑA EL ENSAYO
En inglés con subtítulos en español

Vangeline durante un taller de Butoh en Guadalajara, México. Fotografías de Brenda Molgado.

Vangeline durante un taller de Butoh en Guadalajara, México. Fotografías de Brenda Molgado.

Texto alternativo (ALT)

  1. Vangeline, maestra de Butoh, y una participante se encuentran frente a frente durante un ejercicio, cada una con una mano apoyada sobre la frente en un estudio de danza iluminado.

  2. Vangeline está sentada en el suelo durante un taller de Butoh, con los ojos cerrados y el cuerpo sostenido en una postura atenta, mientras otras participantes descansan y observan a su alrededor.

NUESTRO EQUIPO

La versión en español de Butoh, Sensibilidad, Sensualidad y el Sistema Nervioso fue posible gracias al talento y la dedicación de dos extraordinarias colaboradoras mexicanas:

Adriana Elizondo — Traductora, artista de Butoh y colaboradora editorial.

Teresa Barajas — Diseñadora gráfica y colaboradora visual.

Les agradezco profundamente su creatividad, sensibilidad y compromiso con este proyecto multilingüe.